Dos buscadores de fortuna capturan en las aguas irlandesas una criatura marina prehistorica de quince metros y la venden a un circo de Londres como la octava maravilla del mundo. Lo que no saben es que Gorgo es una cria, y que su madre mide sesenta metros y tiene el mismo instinto maternal que cualquier ser viviente en la Tierra. Eugene Lourie, quien ya habia dirigido La Bestia del Espacio Exterior, construye en 1961 un film de monstruos que invierte inteligentemente la formula del genero al hacer de la criatura destructora no un monstruo sino una madre en busca de su hijo. El desenlace resulta notablemente subversivo para los estandares de la epoca.
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